Sobre el arte de hacer cuentos
Hace unas semanas una amiga de la universidad me mandó una publicación de Facebook de la Vicerrectoría de la Universidad de Cartagena referente al Concurso Interno de Cuento y Poesía Jorge García Usta. Resultó que yo ocupé el primer puesto, cosa harto sorprendente para mí, que rara vez gano concursos. La recogida del diploma y el premio (que me permitió comprar uno de los libros que más he deseado en mi vida) fue un proceso largo y enredoso, pero lo importante es que lo reclamé.
Enterado de esto, mi profesor de la materia de Didáctica me encargó exponer sobre el cuento y cómo escribir uno a mi manera para la próxima clase, en la que todos debíamos hablar sobre distintos géneros literarios. Era esta mi gran oportunidad de transmitir mis conocimientos sobre un tema que me apasiona. Sin embargo, el día de la clase se le olvidó y yo terminé exponiendo improvisada y desastrosamente sobre la leyenda, el verdadero tema que le correspondía a mi grupo, pues el cuento le correspondía a otro. Sabrá Dios por qué el profesor cambió de opinión a última hora. Y yo que me había inspirado escribiendo un breve texto. Es por eso que hoy decido compartirlo por aquí, confiando en que no caiga tan fácil en el olvido y la indiferencia como tal vez pudo pasar si sólo lo leía en esa clase. ¡Espero les guste!
Si se me preguntase cómo escribir un cuento, diría que
es una pregunta difícil, pues depende mucho de qué se quiere contar y cómo. Lo
que sí puedo decir es que tener una idea es clave, pero no hay que preocuparse
mucho por conseguirla, ya que suelen llegar solas. A mí me llegan después de
escuchar una anécdota sorprendente o demasiado increíble para ser real, o cuando
veo un barco inmenso a lo lejos, o cuando veo una ventana abierta en una casa
abandonada (casi siempre del Centro), o cuando escucho música orquestal, o cuando algún profesor habla de alguna teoría
sociológica o psicológica que desenmascara algo que dábamos por sentado, o por
una arbitraria asociación de ideas de un lugar conocido con un acontecimiento
imposible o literario. Ideas hay en todos lados. El argumento sale si uno es lo
bastante terco como para darle consistencia a ese pensamiento.
Creo que todos aquí saben que escribo cuentos que se
enmarcan en la literatura de terror, pero que en realidad recibe el nombre de
literatura fantástica. A grandes rasgos, esta trata sobre la
aparición de un ser u objeto desconocido en un entorno familiar para los seres
humanos y las consecuencias que esto deja en la naturaleza y en la vida de los
personajes. La mayoría de las veces la aparición es dañina; otras, nuestra incapacidad de comprenderla es lo que articula la
narración.
Para escribir esta clase de historias suelo basarme en
algún concepto científico y combinarlo con una leyenda (local o universal) que
ubico en un escenario que conozco. Me gusta mucho ambientar mis historias en
Cartagena o en otras partes de la Costa para inventarles una realidad
diferente y, a menudo, extraña. Tal vez lo hago porque
me parece que así les doy más color y les quito la seriedad con que solemos verlas. Para poner un ejemplo, hace poco escribí un cuento sobre la
desaparición de unos peces en la Ciénaga de la Virgen de la que el anciano
protagonista sospecha fue causada por un antiguo espíritu protector de las
aguas. Muy bien podría tratarse de un suceso no por curioso menos
comprensible, como la influencia de las fases de la luna o la huida de los
peces hacia el mar por algún hueco que el anciano desconocía. Pero no: en el
mundo del cuento existe la posibilidad de que haya sido por algo más. ¿Qué puede
explicar que todos y cada uno de los peces hayan desaparecido de un momento para
el otro sin dejar rastro? ¿Por qué el anciano habla de un antiguo espíritu que reside en el fondo de la Ciénaga? ¿Por qué está justo allí? Sólo el cuento puede responder estas preguntas, ya que incluso a mí se me escapan.
Podría poner más ejemplos, como el de un cuento sobre la aparición de una criatura mitológica roba-niños en un barrio marginal de Cartagena cuya llegada es advertida por una madre soltera con problemas de sueño, o el de un club de historia de la Universidad que excava los huesos de un viejo chamán kalamarí para algo más que presentarlo a la comunidad científica… pero eso sería prometer mucho para arruinarles lo que vendrá después. Algún día sabrán a qué me refiero.
maravilloso!
ResponderBorrar¡Muchísimas gracias, persona desconocida!
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